lunes, 21 de mayo de 2018

CHISTE DEL LUNES. PEQUEÑA HISTORIA.


HISTORIA DE UN HUEVO.

Nació sabiendo que su estirpe había sido, era y sería la de un huevo cocido.
Intentó por todos los medios estar a la altura.
Desde óvulo había estudiado la metodología que debía seguir para ser un buen huevo cocido.
-Ser sacado de la nevera tiempo antes.
-Esperar a que el agua hirviera.
-Asegurarse de que una pizquita de sal y un chorrito de vinagre, nadaran en esta.
-Si le removían con una cuchara de madera, mejor que mejor, la yema quedaría bien centradita.
-Esperar de diez a doce minutos en la agradable corriente del agua hirviente.
-Luego un buen remojón en agua fría, a ser posible con hielo…
Y voilà.
Lo habría conseguido; ser el mejor huevo cocido del mundo, con su yema amarilla y bien centrada…
Pero aquello fue tan sólo una quimera.
La juventud lo arrojó a otro mundo perverso.
Él no tuvo la culpa. Terminó en la huevera equivocada.
Cuando aquel chaval le escogió del super, no se preocupó. Pensó que venía con esa señora que parecía tan agradable. Ya se veía convertido en un huevo relleno de lujo, pero terminó separado de su clara del alma, e introducido en esa olla de acero junto a la leche hirviendo y ese montón de azúcar, batido hasta no poder más, y empapado en alcohol y esa esencia de vainilla que le levantaba dolor de yema. No sabía que fue lo peor, si que le colaran por doble filtro o le embotellaran por un mes.
Cuando salió de allí, supo que estaba bien cocido, pero nunca le advirtieron que el cocerse terminaría así, siendo bebido en vez de comido.
Murió siendo licor de huevo. Una deshonra para su familia, y un regusto para los que le degustaron. Lo único bueno es que todos terminaron como él, cocidos.