lunes, 1 de enero de 2018

FELIZ 1998...

¿¿¿ FELIZ 1998 ó 2008...?? ah noooo...

 FELIZ 2018, TOTAL, TODOS ACABAN EN OCHO, IGUALITO QUE ESTAMOS TODOS,   

HECHOS UN OCHO.

FIN DE AÑO, O PRINCIPIO DEL FIN…

La de tonterías que se pueden llegar a hacer por el mito de prometer algo para conseguir que al final del año venidero no nos sintamos igual de mal que ahora. Ropa interior roja, anillos metidos en copas de champán, saltitos al ritmo de las campanadas… A nadie hacen daño, ¿a nadie?

Suele usarse como algo cierto, una creencia que va más allá. Alguna superstición que en ese momento nos parece sublime y que es, a fin de cuentas, como un globo cuando va hacia arriba y pierde el helio que le propulsa y cae, en el mismo sitio desde lo lanzamos. En definitiva, un globo lleno de esperanzas, repleto de propósitos, pero sin la menor consistencia. Lo peor de todo es que lo hacemos cada año, y cada año, intuimos al principio, y lo vamos viendo, más adelante, mes a mes, como aquello que nos propusimos se va diluyendo en todo nuestro ámbito, social y personal. Con el paso de los meses nos hacemos creer que todavía hay tiempo, y eso no es cierto, dejémonos de engaños. No hay tiempo. Nunca hay tiempo. es el aquí y el ahora lo que cuenta. No valen propósitos extralimitados, ni promesas vacías que sabemos en el fondo que jamás cumpliremos, y ahí está la pregunta. ¿Por qué torturarnos año tras año? ¿Nos deleita recitarnos la misma, sonora y cansina cancioncita ensoñadora que nos promete que este año todo va a ser diferente?

Este año proponte algo sencillo; hoy voy a hacer esto. Cúmplelo.
Me lo enseñó el Señor Conejo de Winnie De Poo. “La felicidad es hacer una lista y cumplir con ella”. Pero no hagas una lista larga para todo un año, una lista día a día.

Por mi parte sólo pido a este año que mis errores no eclipsen mis aciertos.

¡¡¡FELIZ 2018!!!!