jueves, 8 de marzo de 2018

DÍA DE LA MUJER...¿MANIPULADA?


LA ENSOÑACIÓN.

Mi hijo había salido, se suponía que a cenar y volvería sobre las doce y cuarto, máximo a y media. A las doce y veinte me entró una duda. ¿Qué hora me dijo exactamente? Le mande un WhatsApp, me contestó diez interminables minutos después diciendo que me había dicho que volvería de madrugada.

Primer fallo.

Intenté dormirme, pegadita el móvil a la oreja y con las gafas unidas a él, por si sonaba un Whats. Una hora después lo hizo, el chaval seguía bien, haciéndome chistes, volví a entrar en el sueño de nuevo, hasta otro Whats, donde me comunicaba que aún no le habían secuestrado, reí, apagué la luz y volví a entrar en un estado de semi inconsciencia, pero aun sentía mi corazón palpitar, y entonces oí otro Whats.

Mi cuerpo me impedía moverme y acercarme al móvil… otro Whats, pensé que algo le pasaba y luche por despertar, pero mi cerebro se debatía entre hacerlo o no, tal vez fuera sólo un mensaje en el que me decía que todo seguía bien. ¡Y yo tenía tanto sueño…! Pero era mi hijo y no podría soportar que algo le hubiera pasado y yo sin contestarle. Hice un esfuerzo casi sobrehumano para salir de la penumbra en la que mi cerebro habitaba, y conseguí medio despertar para mirar el móvil nuevamente. 

Pero allí, en el móvil, no había ningún mensaje recibido. Me quedé tan extrañada por el hecho, que juraría que desperté del todo. Confundida, pues estaba segura de haber oído el típico ruido del móvil al recibir un mensaje, me levanté lentamente intentando procesar aquello. Mientras daba unos sorbos de agua aseguraría que ese hecho había acontecido, pero el móvil me lo volvió a negar. Entonces me convencí de que lo había soñado y volví a la cama.

Segundo fallo.

¿¿Hasta ahí mis recuerdos de aquella noche??

 Al despertar, lo recordé todo nítidamente.
Busqué mi móvil en la cama, pero no lo encontré. Ni siquiera reconocí mi cama de matrimonio, ahora era una cama individual.

Asustada fui a la habitación de mi hijo, pero esta casa en la que vivo, sólo tiene un dormitorio, el mío.
Es más, sólo es un apartamento lujoso. Busco fotos, recuerdos, mas no hallo nada. Empiezo a recordar que nunca tuve hijos. Habrían supuesto un atraso en mi carrera. No me lo podía permitir. 

Eso pensaba entonces. Ahora desearía volver a ese pasado. Apoyarme en alguien que me ofreció su brazo, y no querer hacerlo todo sola.

Tercer fallo.

Le negué un futuro juntos, por la cabezonería que me inculcaron de que una mujer puede todo sola, cuando somos mejor dos en compañía los que hacemos el camino.

¿Qué hago ahora?

Lo tengo todo tan fresco, sus risas, sus llantos, esas Navidades… Noto que esos recuerdos se me van borrando. Eso no lo quiero. Quiero a mi hijo, mi trabajo, no quiero que nadie me impida hacer todo lo que yo necesito para ser feliz.
Noto como van desapareciendo los recuerdos… Decidida vuelvo a la cama, necesito dormirme y volver a soñar con mi hijo, no quiero que nada ni nadie me impida tener un hijo.

Cuarto fallo.

Despierto, y oigo las noticias:
>>El día de la mujer trabajadora<<
Yo siento envidia de la mujer que tiene tiempo para balancear a su niño en el columpio del parque.

Quinto fallo.

Y entonces comencé a escribir la historia del niño que nunca pudo ser niño. Porque nadie podrá quitarme que yo sí tuve una vida familiar, una vida que me hizo ser una mujer completa.

Sexto fallo.

Familia junto a realización personal. Una cosa sin la otra no es vida.

Séptimo fallo.

Ya no me queda más que mis sueños.

¿Qué es más real, mi vida o mis sueños?