miércoles, 14 de febrero de 2018

DÍA DE SAN VALENTÍN 2018.


¡¡¡¡ FELIZ SAN VALENTÍN!!!!


Hacía varias semanas, por no decir meses, que mi relación con Andrea andaba un poco a la baja.

Se acercaba San Valentín, y con él, el mejor momento para demostrarle mi más sincero Amor. Así, con mayúscula, pues yo quería en mi vida, a esa mujer que lo era todo para mí.

Este año no quería volver a errar, aunque no sé lo que hice mal, a Andrea ciertos regalos del día de los enamorados le mosquearon un poco. Los de su cumpleaños y Reyes eran fáciles, la invitaba a comer a mi restaurante favorito y así no había pega.  Pero San Valentín se me resistía. Debía ser algo personal, y eso era lo que yo intentaba.

Hace dos años fue la cafetera multiusos, con un montón de cápsulas de café, que ella, ni siquiera tuvo la gentileza de estrenar, con la torpe excusa de que no tomaba más que infusiones de hierbas.
- ¡Eso deberías saberlo a estas alturas! -Me espetó.
Cómo si yo fuera su madre, vamos.

 Yo no me ofendí por el desprecio a mi regalo, simplemente me lo llevé a mi casa, y no quise discutir acerca de su mala educación.

El año pasado le regalé un super robot de planchado. En el anuncio decía que dejaba la raya del pantalón de caballero más recta que ninguna planchadora. Después de explicárselo tampoco pareció hacerle mucha gracia, y de nuevo, me lo llevé a mi casa. Yo la quiero, pero a esta mujer no parece complacerle nada, ¡con lo que yo me esfuerzo!

En cambio, ella se limita a comprarme ese reloj que sabe que me gusta y esos gemelos que le he dicho cien mil veces cada vez que pasamos por la joyería que me encantan. Lo que me molesto yo, en dar un rodeo hasta que me deja en casa, para mostrárselos cada día.

Pero ella, negativa siempre. Mas esta vez va a caer rendida a mis pies. ¿No dice que aprecia los detalles y las cosas hechas a mano desde el corazón?

Pues este año va a tener el mejor San Valentín que alguien pueda recibir.
Me lo he trabajado, pero bien. Compré cartulina, tijeras, barra de pegamento y un rotulador negro en el todo a cien del barrio y dispuesto estoy a una gran declaración de intenciones.

Le he escrito unas frases de amor y luego, como si de un puzle se tratase se las he recortado letra a letra. He introducido los trocitos de cartulina en un sobre y le he pedido que reconstruya mi poema de amor, esperando que mañana me entregue ella, por regalo, mi composición formada y ese traje de Armani que llevo tiempo diciéndole que me gusta. Y así sabré, que somos tal para cual.

Tiemblo sólo de recordar mis palabras, y como con mi aliento cerraba el sobre.



14 DE FEBRERO DE 2018

Siento nervios cuando oigo el timbre de la puerta. Supongo que será Andrea con mi traje de Armani. Pero tan sólo es un repartidor con una pequeña carpeta en sus manos. Doy por sentado que contiene la dirección donde debo ir a recoger el traje nuevo.
>> ¡¡Cómo es Andrea!! ¡¡ Incapaz de salir de la cama a traérmelo ella misma!! ¡¡Qué chiquilla esta tan vaga!!>>-Me digo, intentando excusarla.

Exultante abro la carpeta, no veo dirección alguna donde ir a recoger mi traje y sólo hallo pegadas en un folio de mala manera mis letras hechas de cartulina.



No doy crédito, yo escribí una frase trabajada y bien trabajada, como que me costó el parón para fumarme un cigarrillo, y ella me manda una cosa que no hay por dónde cogerla.

En una hoja aparte, mejor dicho, en un trozo del sobre donde le entregué las letras con mi corazón dentro, había unas palabras escritas, junto a dos letras que reconocí como mías.




 
>> Aquí tienes las dos letras que no he incluido en mi lapidario poema, la            de asqueroso  y la   de burro, y es que “amor mío” lo tienes todo>>

¡¡¡Lo sabía, lo sabía y lo sabía!!! Este año había acertado de pleno.
Dejé olvidado su folio con sus imperfecciones y sólo me fijé en ese “amor mío” y en que sabía que yo…lo tenía todo.
Y…a todo esto… Lo único que no me queda claro es…  ¿dónde tengo que ir a recoger mi traje de Armani?