lunes, 26 de diciembre de 2016

CHISTE DEL LUNES CON HISTORIA.


Es domingo al medio día, son las doce, hora de salir de misa y me ha sobrevenido un mal presentimiento. Es como un sentimiento extraño, creo que es como si estuviera esperando al hombre apropiado, pero que este no llegará nunca. Ciertamente es una tontería en este mundo nuestro, no sabes quien te va a tocar. Yo siempre he soñado con alguien que me apreciara y valorara, no como una cosa de usar y tirar, que le quedara en el recuerdo, pero me han enseñado que eso casi nunca sucede. Me acostumbré a esas palabras mientras me preparaba para este momento, pero siempre añoré un amor cálido, alguien que realmente me deseara y quisiera. Vamos una completa quimera.
Ha llegado el momento tan esperado, pero tengo miedo. Todo el mundo pide un vermut, y yo me escondo entre mis amigas intentando pasar desapercibida y ellas poco a poco van marchando, no dicen nada, ni un adiós, pero las veo sonreír, noto felicidad en ellas. Yo también quiero irme. Todas queremos ser la siguiente, pero yo soy pequeña y las otras me empujan para que nadie pueda verme. Es muy triste sentirse así. Entonces le vi, me miraba como con ganas, pero yo estaba sola y creo que le daba un poco de cosa acercarse a mí. Al final se levantó y se marchó. Quedé desolada, creo que incluso empequeñecí, sentí arrugarme por dentro, tanto que el dueño del bar me tiró a la basura.
Aquella noche era de luna llena, un gato se acercó al cubo de basura y rebuscó en ella. Se llevó un par de raspas de sardina, pero a mí, ni siquiera me olió. Aquel dolor hizo que sólo quedara de mí, mi hueso de aceituna.