viernes, 1 de agosto de 2014

RELATO DE HUMOR NEGRO: LA PUERTA.





Es un día templado de comienzo de otoño, gris, cargado de nubes, encapotado, las hojas han  comenzado a caer de los árboles, las aves  surcan el cielo en busca de zonas más templadas para pasar el invierno. Tengo grandes esperanzas en este día, deseo  que hoy  finalice la  tortura que comenzó  cuando me despidieron de mi trabajo. Para que mi plan salga  perfecto necesito que esta tarde  llueva. Por eso esta mañana mientras miro el cielo me pongo a limpiar ventanas y cristales. Siempre que los limpio llueve.

Tengo  treinta y cinco años, acabó  de pasar por una etapa de depresión tan profunda  que he necesitado terapia y  medicación para  vencerla. El apoyo de mi psiquiatra Karl, con el proceso terapéutico que me ha aplicado  ha sido fundamental en mi mejoría; escribir sobre los acontecimientos que me han ido sucediendo, mis reacciones, que al principio me resultaban  dolorosas, pero que finalmente han tenido  efecto liberador han hecho  desaparecer ese estrés que me carcomía. Ahora estoy mejor,  de nuevo vuelvo a ver la vida  con optimismo, no tengo aún trabajo, pero no me importa, soy un amo de casa casi feliz, y  a punto de conseguir mi último objetivo. Tengo que dar gracias a Dios por los dos hijos  tan maravillosos que tengo, otro cantar es mi esposa, se ha convertido en una bruja.

Pero eso es lo que  estoy pronto a resolverlo, nos conocemos desde el colegio,  creo que me enamoré la primera vez que la vi,  es guapa, inteligente, trabajadora, fiel esposa y una madre estupenda que lucha por sus hijos y que desde hace varios años mantiene económicamente a su familia, hasta hace prácticamente dos días  ha sido la mujer de mi vida.

Estudié económicas en Hamburgo, me licencié con” cum laude”,  he sido un excelente estudiante, inteligente y muy organizado, aún sin haber terminado ya tenía empleo en una gran multinacional con un futuro prometedor, en aquel tiempo si estudiabas y esforzabas era sinónimo de  que tendrías éxito.

Los años siguientes fueron perfectos, estábamos enamorados, nos queríamos, contrajimos matrimonio y  deudas que hemos ido pagando, viajamos  y disfrutamos como pocos disfrutan en esta vida. A veces sin buscarlo,  la vida se complica, el hombre es por naturaleza egoísta, tiende a querer siempre más de lo que tiene, a no conformarse con una vida tranquila, cuando conoce el lujo se siente deslumbrado, hace las cosas más horribles para satisfacer sus deseos de ansia y poder. Eso hice yo.

Fue en mi empresa, metí mano en donde no debía, creí tonto de mí  que no se enterarían, pero eran espabilados y me descubrieron, me colocaron una manzana envenenada que mordí. Fui una rata, como  tal me trataron, luego supe que por envidia me  habían tendido una trampa y caí en ella.

He llevado una cruz muy grande, fue penoso el tener que contárselo a Helga, sabía que llegaría a enterarse, no  tenía más opción, estuve atrapado hasta que me liberé y confesé mi error.

Ella no lo aceptó, no entendió el porqué, no me ha perdonado. Sabe que todo fue de dominio público; malvendimos el chalet, nos mudamos de ciudad y compramos un  adosado en una pequeña población de las afueras.

Por aquel entonces estaba embarazada de nuestra pequeña Helgita,  después de dar a luz,  buscó trabajo.

Desde entonces nos mantiene, se ha puesto los pantalones, y nos tiene a los cuatro a raya. Ordena y manda
 
__ Para cenar ¡salchichas con curry y salsa de tomate!

__Prepara para Otto un bocadillo de queso gouda.

__Lava cortinas, y plancha mi blusa.

__ Recoge los papeles que escribes, no los dejes  por cualquier sitio.

__Ves a hablar con el profe de Helga, el de psicomotricidad.

__Limpia mejor el baño, que hay cerco.

No puedo ni rechistar, ya me ha mandado varias veces callar.

Se cree que soy un niño.

Mi hombría está por los suelos, no nos miramos como antes, tengo la palabra ladrón tatuada en la frente, y para siempre.

 No cuentan mis opiniones, he sufrido de insomnio, de pesadillas, de falta de apetito, he estado hundido, y  nuestra relación está naufragada, siento que sólo espera por pena a que Karl  me dé el alta para pedir el divorcio, ella está en una situación excelente: se quedará con la casa, con los niños y a mí que me parta un rayo.

Pues parece que la que se va a joder es ella. Ya está lloviendo.  Acabo de terminar de comer y de recoger la cocina, me preparo una tila para templar mis nervios. Helga y los niños ya han regresado del colegio, hoy la acompaño al dentista al centro de la ciudad, tiene cita para una endodoncia. La canguro no tardará en aparecer, mientras  aprovecho y sigo mi terapia, escribo: No la permitiré coger el coche, necesito llevar yo el volante, la salida del garaje es muy angosta, para no golpear la carrocería el pasajero debe de colocarse detrás e indicar las maniobras correctas.

Cuando ella lo esté haciendo, el ruido de la lluvia no me permitirá escucharla, aceleraré a tope, el coche resbalará con las hojas y el barrillo del asfalto, la dejaré escaneada en la pared, y sólo la volveré a ver en una caja de pino… Me entrará un ataque de nervios a pesar de la tila que me he tomado; gritaré y saldrán los vecinos. Tendrán que llamar a una ambulancia, me llevaran a urgencias y

Aquí termina lo escrito.

En el centro de reclusión de Siegburg cumplía condena de treinta años y un día por el intento de asesinato de su esposa Helga, el preso Gustav Bähr. El martes de la pasada semana fue hallado muerto en su celda  sin signos aparentes de violencia. El resultado de la autopsia confirma el fallecimiento por causas naturales.

Los compañeros del preso Gustav, cuando se encuentran en el patio comentan lo rarito que era. Sospechaban que no superaría su situación. Dicen entre ellos, ¿sabes que después de aquello… la mujer tardó solamente dos meses en pedir el divorcio, y otros dos en casarse con el psiquiatra? ¡Menuda zorra!