viernes, 11 de julio de 2014

RELATO DE HUMOR NEGRO : EL ARMARIO.


Empecé a sospechar de su comportamiento a raíz de no utilizar las camisetas de invierno que tan bien  protegían su salud de catarros y demás historias.

Propenso a que los resfriados se le instalen  en los bronquios, es usuario desde hace años de  esas prendas.  Tengo un marido buenorro, está cachas, parece actor de cine,  por tanto le sientan estupendamente, y sigo rendida de amor por su persona.

Yo soy una birrilla; no soy modesta, no valgo nada.

En horas bajas recapacito  porqué se casó conmigo, me ha confesado numerosas veces que mi atractivo reside en mi delantera, estoy muy bien surtida y él, que además es inteligente, me recuerda que el físico no es lo más importante.

Esta es mi situación, rectifico, era,  pues de un tiempo a esta parte, algo o más bien todo ha dado un vuelco.

Soy una mártir enamorada que siente que su media naranja pierde zumo.

Ha cambiado,  era un poquito dejado en higiene personal, a mí me gustaba tal como era, ahora ha vuelto a la adolescencia, se pasa las horas muertas  en el baño antes de salir cada día para acudir al trabajo.

Ha renovado su vestuario, trajes, corbatas, camisas nuevas, perfume, y un moderno corte de pelo.

La gota que colmó el vaso es su juvenil  y picante ropa interior.

Delante de las niñas hice una penosa actuación dramática y la forma de tranquilizarme fue la confirmación de que algo me ocultaba.

Empecé a espiarle.

A su regreso del trabajo le revisaba los bolsillos, la cartera,  el maletín, como un perro le olisqueaba la ropa, él es mi marido, mi presa, yo soy su dueña.

Dos cosas me aliviaban  como  la brisa atempera el calor de agosto.

Nunca llegaba tarde y  tenía un nuevo jefe exigente que valoraba mucho la buena presencia.

Llevaba diez meses en tan estresante situación cuando una mañana haciendo la cama, me  di cuenta que sólo la utilizábamos para dormir…

Tome riendas, me preparé para seducirle. Aquella noche en picardías intenté calentarle con un striptease.

 Respuesta:

__Cariño disculpa, estoy agotado, apaga la luz, quiero dormir__

Mis sospechas se confirmaron, tenía una amante.

Viví un calvario, se me cayó el pelo, me salieron nuevas arrugas, varios tics acudieron a mi cara, me pasaba el día y la noche llorando. Él   no se enteraba, o  le importaba un pepino.

Con mis ahorritos, contraté a un detective. A los quince días tenía el trabajo resuelto y preparado el informe.

Había fotografías que lo confirmaban, el jefe era muy exigente, y mi marido siempre había trabajado muy bien… Sexo puro y duro en el despacho, en el coche, en los baños, me quede anonadada, pagué un precio justo por  enterarme de su salida de armario, y guardé las pruebas,  en uno de los cajones del nuestro.

Más vale enterarse tarde que nunca, el cabronazo que tenía por marido había sabido disimular, era un estupendo actor, o yo era una gilipollas, el cine se había perdido otro Brad Pitt. Por mis hijas debía superarlo, salir a flote, la vida debía continuar..., pero no como hasta ahora.

La Venganza reinaba en mi cerebro, verle y odiarle era todo uno. Elucubré envenenarle, matarle con un cuchillo, tirarle por la ventana, todas ideas disparatadas. En estas cuitas me hallaba cuando llegó el día en que el agua volvió a discurrir por su cauce.

Con su manía de  lucir tipo hasta en pleno invierno, cogió un trancazo tan fuerte que el médico le obligó  a guardar  cama un par de días, pero  como estaba  muy pillado,  no podía dejar de ver al maricón de su jefe y a pesar de la fiebre no fue obediente.

Las bacterias anidaron y en diciembre hicieron su agosto en los pulmones del invertido de mi esposo.

Sin remedio y con gran pesar al quinto día no se pudo levantar de la cama, esa medicación ya no era efectiva. El sexto día a  la hora de levantar la persiana me lo encontré muy quietecito.

Por aquel entonces la sangre fría me dominaba, parece mentira como nos acostumbramos a casi cualquier cosa y sin que el pulso me temblara marqué el teléfono de urgencias.

Lo siguiente fue coser y cantar. La autopsia reveló una neumonía con derrame pleural que invadió el músculo cardiaco.

Una verdad como un templo, es que las cosas más pequeñas son las que suelen parar los pies en esta vida, en este caso  una simple y minúscula bacteria. Se lo tenía merecido.

Unos días después las niñas y yo  marchamos durante una temporada a casa de mis padres ¡No hay nada como  el amor de la familia!

Y mañana entro en quirófano, con una parte del dinero del seguro me hago una reducción de mamas. ¡Qué jolines!  Visto lo visto, los pechos grandes son un estorbo y además estoy harta de tener dificultad para encontrar talla de sujetador. 
EPÍLOGO

La abuela que había  dejado a las tres niñas con su esposo jugando en el jardín de su casa, metía en grandes bolsas todas las pertenencias de su  hija. 

Mientras, pensaba en cómo se había cebado la mala suerte, primero su yerno con esa estúpida neumonía, un hombre tan joven, varonil, guapo, y después ella su querida hija  de qué forma tan tonta…Se le escapó una lágrima, en esa estúpida operación, que parecía tan sencilla…Ahora sus nietas sólo les tenían a ellos.

En ese momento tuvo un pálpito y supo que no 
hubieran podido vivir el uno sin el otro, se amaban tanto y el destino les ayudó.

Cogió  el diario de su hija que estaba cerrado con un candadito,  buscó en varios sitios, pero no encontró la llave, miro el reloj, se le hacía tarde. Se lo daría a sus nietas el día en que fueran mayores, seguro que lo valorarían en su justa medida.