viernes, 19 de julio de 2013

HISTORIA DE UN SUICIDIO . PARTE 2ª DE CUATRO .






Lo primero que hizo Luis  fue mudarse a su piso , le puso la excusa  de que no quería alterar en nada su vida , quería que  siguiera viviendo en su casa .¡ Pero qué  bonitas  le habían sonado entonces  esas palabras! . Cuanta consideración por su parte, cualquier otro  hubiera preferido llevarla a su terreno.

  Ahora    sabía la verdadera razón. Le habían  desahuciado   de su piso por eso la cameló   para no tener que pagar alquiler. Le salía barato, ella  no pedía mucho, con que  la dedicara un rato por las noches ya se sentía feliz.

Un mes después  le salió  con aquella tontería de dejar el trabajo para encontrar su propio yo , y mientras  le había estado manteniendo . ¡  Cuántos meses   de estúpidas mentiras ! .

Y aquellos días  en los que decía estar conociéndose a sí mismo  los dedicaba a encontrarse con la vecina ,  cuando  ella trabajaba sin descanso para darle todos sus caprichos.

Aquellos últimos recuerdos  la encogieron el corazón   y decidió  que por fin  era  el  momento de dejar de sufrir.

Sólo esperaba  que su madre y Carmen  no se sintieran culpables cuando se enteraran de su muerte, nada podrían haber hecho. Tendrían que asimilar  que  no había sido capaz de superar esta situación que la había hundido en una grave depresión .

Ahora  era  peor  pues mientras tocaba fondo, no podía pensar en nada más que lo vivido , era  hasta capaz  en sus alucinaciones de mantener conversaciones con  Luis  que en esos momentos le parecían totalmente reales . Pero  ahora, al irse recuperando, al sentirse un poco mejor  era cuando de frente  se encontró con toda su vida desecha  y sin poderlo remediar  le entró la desesperación.

Ya estaba decidido. Quería morir. Era así mejor para todos. No tendría que volver a bajar la mirada cuando se encontrara con su madre, con Carmen , con Sebas, o peor aún  con  sus amigas del barrio.

Una vez tomada la decisión   lo siguiente era el pensar cómo hacerlo, como terminar de una vez con su vida, una vida que  no valía para nada y no había sembrado más que sufrimiento en  su entorno .

Lo primero que se le vino a la cabeza al plantearse la muerte , fue  pensar en  el metro.__ Lo más sencillo y cerquita de casa – Se dijo.

Pero luego  se dio cuenta  de que su acción tendría consecuencias sobre otras personas que ninguna culpa tenían  de su mala suerte.

¿A qué hora lo haría ? Empezó a imaginar. Por la mañana  habría que gente no llegaría  a las oficinas . Por la tarde las madres   al ir a recoger a sus hijos llegarían tarde  y los pequeños se sentirían preocupados.

   O esos novios,  y entonces afloraba su vena romántica que  no se encontrarían a la hora prevista y uno de los dos pensaría mal del otro, ese sufrimiento  la hizo desistir.

No, el metro no era una opción. Sería todo lo que dijo Sebas, pero egoísta nunca, tonta sí , eso  estaba claro, pues allí estaba  hecha un pingajo  desde hacía cinco meses.

La verdad quitarse la vida se estaba poniendo complicado. El metro estaba descartado por ende el tren , vamos  ,cualquier servicio público  . No quería que por su culpa  tanta gente quedara afectada.  No quería aparecer al día siguiente en todos los periódicos como la causante de tantas desgracias . 

Bastante tenía con  haber perdido amistades y no quería dejar un mal recuerdo. 

Quería que su muerte pasara desapercibida ,ser un número más,  sin nombre.

Tirarse por un barranco  no le parecía efectivo, quizá  sólo se rompería  una pierna, nadie la encontraría  y  sufriría hasta morir .  Quería algo rápido, sin dolor.

Llegó a la conclusión   de que lo más efectivo sería hacerlo en casa . Lo primero que se le ocurrió  fue tirarse por el balcón. Vivía en un cuarto, por lo tanto   quedaría bien aplastadita .

 Pero se acordó de la portera que vivía en el bajo A . Siempre se había portado  muy bien, estas últimas semanas  le había  subido algunos alimentos que  según le contó le iban a caducar. Sin nada en  casa  los cogió sin rechistar.

No podía dejar sus sesos desparramados delante del portal, eso no era de vecina agradecida.

Entonces cayó en la cuenta  de que lo mejor era hacerlo en la intimidad de su hogar.

Y ahí se encontró con otro dilema . Elegir método. La pobre no era muy valiente y pensar en suicidarse intoxicándose con lejía  o con otro líquido abrasivo   o directamente  cortarse   las   venas   no la seducía   mucho.

Intentar ahogarse en la bañera  lo tenía imposible, de joven había sido  campeona en la piscina de su barrio y no se creyó con fuerza para mantener la cabeza bajo el agua. 

Y allí estuvo  dándole  vueltas  a la decisión más importante que tenía que tomar.

Le parecía mentira  no poder morir de repente, una vez tomada la decisión .  Se dio cuenta que en ese momento era más difícil morir que vivir, no podía entender como después de tantos meses de  dolor  su corazón  aún latía  . Un corazón que se le debía haber roto, pero no , todavía le podía sentir  cuando en la cama despierta se llevaba la mano al pecho con la intención de saber si aún seguía viva.

Después  recordó  las cajas de antidepresivos que tenía acumuladas, las que le había recetado el psiquiatra  al que su hermana  le había obligado a ir  después de la fuga de Luis .

 Jamás admitió que necesitaba ayuda por eso  se veía ahora en esta tesitura.  Iba a la consulta obligada por Carmen .  ¿Cómo podía pensar su hermana  que el llevarla  allí y hacerla  recordar  diciendo  en voz alta  todos sus sentimientos a cerca de Luis   la podía  ayudar ? En ese momento estaba encerrada  en sí misma, aún no había tocado fondo.

Ella era la culpable de que su hermana y su cuñado  hubieran perdido sus ahorros y únicamente por ese motivo iba a la consulta,  así su madre y su hermana  se quedaban tranquilas, eso es lo que deseaba,  pero jamás tuvo  intención de tomarse las pastillas que el doctor le recetaba.

En el fondo sentirse tan mal era una  flagelación   por lo estúpida que había sido. No necesitaba   que nadie la diera una palmadita en la espalda  diciéndole que todo iría bien, sabía  que nada volvería a ser lo mismo y en esos instantes  lo único que la tranquilizaba era sentir ese sufrimiento que era el justo castigo por haber sido tan imbécil.

Día tras día obediente se dejaba llevar por su hermana a la consulta del psiquiatra.   Carmen esperaba fuera, ella  al cabo de cincuenta minutos salía  con una receta que su hermana le cogía en la farmacia más cercana.

Hacía más de un mes  que su hermana  se había cansado de su comportamiento, pues según el psiquiatra  no ponía nada de su parte, entonces  instada por Sebastián,  Carmen  dejó de llevarla al médico.

No sabía   que todos esos viajes que  odiaba, ahora le servirían para su fin.

En la encimera de la cocina  extendió todas las cajas y las fue vaciando una a una.  Luego metió las pastillas en una taza de té .

Ya tenía el lugar  y con qué,  no tenía más que pensar el  cuándo .

Eso era fácil, cuanto antes mejor, no tenía más ganas de pasar otro día sufriendo. Se decidió, sería esa noche.

Lo primero fue guardar  todas sus cosas  valiosas. Sus joyas acumuladas a lo largo de tantos cumpleaños, sus cajitas de música, su colección de piedras semipreciosas . Lo metió en una caja de plástico de dónde sacó un montón de jerséis  que no se ponía hacía mucho, y encima escribió con un rotulador” para Carmen “

Luego no  supo  qué hacer con los jerséis  y decidió juntar toda su ropa en unas bolsas  grandes. Tampoco era cuestión de hacer que su familia tuviera que recoger sus pertenencias.

Supuso   que no sería agradable vaciar la casa. Lloró pensando en su madre ,en el sufrimiento que tendría, pero era tan superior a sus fuerzas que  no veía el camino de retorno, lo mejor era terminar de una vez  y así ellas también podrían pasar página.

Sin darse cuenta terminó vaciando todos los armarios y cajones. Después pensó que no sería agradable que nadie viera su ropa interior. La metió toda en la bolsa de la basura y de madrugada cuando no hubiera oportunidad de encontrarse con un vecino, la bajaría a los cubos de la calle.

De noche   como despedida  recorrió  su pequeño pisito imaginándose  el momento en que la encontraran  tumbada en la cama, ya rígida.

Pensó , no sabía por qué  en  quién sería la primera persona que la encontraría . Tarde o temprano  Carmen  o su madre  al no saber de ella se pasarían por allí.  Loli su amiga tenía llave, también la portera y desde luego había sido tan idiota de darle otra   a Manoli ,   la vecina cotilla .  ¿Mira qué si era Manoli la que la encontraba?

¡¡ Dios mío,  con lo bocazas que era Manoli  !! . Contaría que tenía su piso hecho un asco.

Se imaginaba al forense  y a todos los vecinos  en la tele diciendo que padecía el síndrome de Diógenes.

¡Con lo limpia que era ! ¡ verse ahora  rodeada de basura!,¡ no se lo podía creer!. Según recorría su piso no lo reconocía. Estaba  lleno de latas de refresco, cartones de pizzas, botellas de leche, que al caer habían dejado charquitos que a estas alturas criaban hongos y la mezcla de sobras exhalaba  un hedor que fue, por fin ,  capaz de percibir.

La mesa del comedor estaba llena de platos sucios, tarteras que nunca devolvió a la portera.

 Pero  lo peor de todo  eran las montañas  de papel higiénico y pañuelos de papel todos estrujados llenos de lágrimas y mocos   que estaban por doquier .

Decidió dedicar toda la noche a una buena limpieza, ya mañana se tomaría las pastillas, no podía dejar que nadie viera su piso así  ¿qué  iban  a pensar? que  se había vuelto loca. Sería  otro caso en las noticias. Una  perturbada  termina con su vida.



CONTINUARÁ