sábado, 8 de junio de 2013

RELATO DE HUMOR NEGRO : LA COCINA .





LA COCINA.

Era el único reducto  que le quedaba en  su casa  cuando él andaba por allí. Lo mejor que podía hacer   era encerrarse en la cocina y con la excusa de probar nuevas recetas  pasarse allí la tarde, mientras en el salón   él veía la televisión  a todo volumen.

Toda la mañana la pasaba  en el trabajo y en cuanto volvía a casa hacía las tareas  a todo correr, antes de que él regresara, para a continuación poder entrar  en la  cocina  y no tener que verle ni oírle , pues ya sólo su simple presencia le hacía sentirse mal . Todo el papeleo , facturas , sus cosas de coser , tenían su sitio en los cajones de la cocina, pues en realidad pasaba  allí la mitad de su vida y todos los fines de semana  se los consumía  en esa habitación  metida , rogando a Dios no se le ocurriera a él aparecer, pues bastaba que entrara en “ su” cocina para que luego durante bastante tiempo ella ya no se sintiera cómoda.

 En realidad él no había hecho nada malo. Tan sólo vivía a costa de sus esfuerzos, tan sólo  le llenaba los viernes por la tarde la casa de amigotes, tan sólo debía ella limpiar todo el piso de las porquerías que entre él y sus amigos le dejaban, tan sólo debía soportar a sus padres un día sí y otro también, tan sólo debía aguantar sus menosprecios…. Eran demasiados “tan sólo” para ella durante tantos años de convivencia.

Fue él, sólo él,  el que solito , cometió su peor error.

Una tarde metió en “su” cocina un catálogo de ikea.

Naturalmente  su primer instinto la llevó a querer arrugarlo y meterlo en el cubo de reciclar, pero una foto pequeña de la primera página del catálogo se la quedó grabada en la retina.

Aquella banqueta la sedujo totalmente. Era una banqueta alta , en la que podías descansar los pies encima de unas pequeñas tiras de madera que tenía colocadas para hacerla más segura. Era una banqueta especial. Era la banqueta de sus sueños.

Era la banqueta que ella necesitaba.

 Aquel sábado se levantó temprano y antes de que él se despertara ya estaba camino de los grandes almacenes.

La banqueta venía desmontada en una caja súper larga que ella llevó como pudo hasta el coche.

No, desde luego que no necesitaba ningún tipo de destornillador para fijarle las patas.

__Mi marido se encargará de montarla , es muy mañoso ¿sabe?.__Contestó a la sugerencia del vendedor de mandarle un montador a casa.

Casi todo el sábado por la tarde  lo  dedicó a montar la banqueta y decidió que el mejor lugar para ponerla  era cerca del balconcito de la cocina, así podría ver las estupendas vistas que tenía su casa  situada  en el décimo  quinto piso de un viejo edificio.

 No sin antes avisar al pelma de su  marido  de que  ni se le ocurriera estrenar su nueva banqueta, salió a dar un paseo con su vecina.

Casi en el portal…. ¡qué ganas de fastidiar !, se oyó un tremendo estruendo.

Su nueva banqueta no le duró mucho , pero pensó que el gasto había merecido la pena.

Su nueva banqueta desapareció por el balconcillo al igual que el pesado de su  marido.

__¡Lástima de banqueta !. __ Fue lo único que ella pudo pensar mientras un  río de  lágrimas  rodaba por sus mejillas.

Infructuosamente la  vecina la intentaba consolar, pues  ella acababa de caer  en la cuenta  de que la oferta de la banqueta expiraba ese mismo día.