sábado, 6 de abril de 2013

CUENTO : EL MIRLO . PRIMERA PARTE





Ayer, tal vez porque la lluvia nos ha dado una tregua, al asomarme a la ventana  me pareció oír a un mirlo.
Y eso me trajo recuerdos de la primavera pasada en la que un mirlo  ¡tal vez el mismo ! cogió acomodo muy cerca de mi casa, tanto que me encantaba escucharle desde mi ventana .
Con los días me empecé a imaginar su vida y escribí un cuento.
Os lo voy a colgar en cuatro partes porque creo que tiene mucha sustancia y así podréis saborearlo mejor.
Espero que os guste. 



EL MIRLO

Había una vez un Mirlo con el plumaje negro mate , un pico amarillo y un anillo alrededor del ojo también amarillo. En fin ,  como todos los mirlos.

Un día este Mirlo conoció a una Mirla. Ella era de color pardo oscuro pero sus plumas superiores eran marrones rojizas  y por el pecho eran grises. En fin , como todas las mirlas.

Al Mirlo le encantaba cantar sobre el tejado de un viejo pajar , exactamente igual que   a todos los mirlos.

En el campo había muchos mirlos y ninguno parecía admirar los hermosos trinos del Mirlo. Pero este Mirlo era muy orgulloso y pensaba que sus canciones eran mejores que las de los otros mirlos, por lo que decidió que debía ir a buscar un lugar en los que sus radiantes cantos fueran valorados como él creía que lo merecían.

Pero el Mirlo no quería emprender esa aventura solo y por eso convenció a la Mirla para que se uniera a él en un gran pacto de amor y delante de todos sus familiares  y amigos cercanos ,  los dos Mirlos juraron quererse , ayudarse por siempre jamás  y  crear una gran familia.




El Mirlo cada vez estaba más frustrado y al poco de unirse con la Mirla le contó su idea de viajar  hasta la gran ciudad.

Al principio la Mirla se negó. No quería  abandonar a su familia y marchar lejos sin conocer ni a nadie ni nada, pero el Mirlo le contó más de una historia sobre cómo sería su vida en esa ciudad, con todas las comodidades  y sin tener que ir todas las mañanas a buscar los granos de trigo, pues en la gran ciudad las gentes les daban de comer a los pájaros y ella podría dedicarse a admirar los amaneceres y las puestas de Sol. E igual que si se tratara de  una hermosa lombriz, la Mirla se tragó esa gran mentira.

La Mirla inocentemente se lo creyó todo y como quería tanto al Mirlo no se dio cuenta de que él ya tenía planeado   mudarse a la ciudad antes de unirse a ella y como estaba todo llenita de amor, siguió al Mirlo en la búsqueda de su gran sueño, sin entender que el sueño era sólo de él.

Una vez llegaron a la ciudad, el Mirlo seguía volando mientras la Mirla le seguía sin decir este pico es mío. Hasta que el Mirlo no encontró justo lo que estaba buscando no cejó en su empeño.

El Mirlo sabía muy bien lo que quería. A la Mirla ya la tenía y ahora necesitaba encontrar un sitio en el que asentarse y construir un nido , lo de  formar una familia en realidad parecía ir dentro del paquete junto a la Mirla, y el Mirlo simplemente lo aceptó para conseguir que la Mirla se fuera con él.

 Pues  lo más importante para el Mirlo era encontrar un buen sitio donde valoraran sus preciosos y grandiosos trinos.

Y por fin , una mañana después de mucho volar el Mirlo encontró justo lo que estaba buscando.

Era una urbanización céntrica,  realmente luminosa y con un precioso jardín interior en el que abundaban los arbustos y los árboles.

Allí vivían muchos pájaros  pero lo que hizo que el Mirlo decidiera construir  allí su nido fue   que no había  ningún mirlo  que pudiera ensombrecer sus lindos cantos.

 En la rama cuarta del olmo tercero según entrabas al garaje, podías ver , si te fijabas bien, el pequeño nido de amor que los Mirlos comenzaron a construir.

__No hay necesidad de ningún lujo. __ Le dijo tontamente la Mirla al Mirlo. __Tan sólo debemos tener lo esencial.

Y el  Mirlo se lo tomó al pie de la letra. Una vez puso las pajitas necesarias para estabilizar el nido y que el viento no se lo llevara, la Mirla no vio a su Mirlo traer una sola pajita más.

A partir de entonces el Mirlo tan sólo se dedicó a volar por la urbanización buscando a quien realmente valorara sus poderosos cantos.

Una mañana se paró en el alfeizar de una ventana y mientras el Sol calentaba sus bellas plumas el Mirlo vio un tiesto llenito de lombrices. Cuando tuvo bien lleno su buche,  de la felicidad que sentía comenzó a entonar sus mejores melodías.

Entonces se abrió la ventana y una señora triste  apoyó con cuidado ,para no asustar al Mirlo, sus codos en el borde de la ventana.

Cuando al rato de cantar vio una gran sonrisa en la cara de la señora de la ventana, el Mirlo se sintió en la gloria y creyó encontrar por fin  alguien que en verdad valoraba sus trinos.

A partir de ese día el Mirlo no faltaba a su cita con la señora de la ventana para ofrecerle su mejor repertorio.

Tiempo después  la Mirla presintió la llegada de unos polluelos , pero el Mirlo se desentendió de sus obligaciones con la Mirla y tuvo ella que salir  sola a buscar más ramitas y barro con los que asegurar su nido . ¡ A ver qué remedio le quedaba a la Mirla si el Mirlo tan sólo estaba interesado en afinar sus trinos! 

Continuará…