miércoles, 27 de marzo de 2013

RELATO DE HUMOR NEGRO : EL CALZONCILLO



Cuando estoy estresada siempre recurro al humor, y no a un humor cualquiera sino al llamado humor negro. Espero que ningún caballero se moleste cuando lea mis relatos, es tan sólo una forma de soltar la adrenalina después de un día duro tras batallar con todo lo que se nos va poniendo por el camino.

Pienso que es un relato simpático, aunque sé quién no estaría de acuerdo conmigo, tal vez enseña que  en esta vida uno no debe obcecarse con algo, más bien pararse a meditar primero, y los impulsos son malos consejeros.
Por supuesto , siempre acompañado de un dibujo de Lola.

Sin más os dejo el primer relato de humor negro de espero una larga lista.

Saludos de Patricia y Lola.




    EL CALZONCILLO


 


La verdad es que estaba bastante harta de su marido . Al principio de sus “ llamémosle escarceos “ él comenzó comportándose con un poquito de  discreción, pero   a estas alturas es que casi se jactaba de ello.


Otra noche oyéndole ducharse, ¿pero  desde cuándo se duchaba este hombre diariamente?. Luego comenzaba el ritual de vestirse mientras canturreaba, vete tú  a saber que canción de moda ahora en las discotecas y justo antes de irse, siempre ese beso, ese beso era lo que más le dolía , un beso en la frente  diciéndole :


__ No te acuestes tarde … querida…__


 Con esa pausa para el falso querida__ como si le intentara demostrar que en realidad le importaba un bledo__ y esa medio sonrisa en la cara que hacía que a ella le entraran   ganas de borrársela de un bofetón.


Y todo ello mientras se ajustaba la corbata , esa corbata que le había costado tanto que se pusiera en los cumpleaños, en las comuniones o en las graduaciones de los niños  y sin embargo ahora todas las noches las utilizaba para adornar ese pedazo de cuello que si no fuera porque ella estaba cada día más débil apretaría con gusto hasta dejarle sin su último aliento.


 Cuando él  se marchó, ella sintió  paz, esa paz ,  que ahora sólo sentía cuando él no estaba en casa.


Nueva  semana  y  de nuevo la misma historia , llegó el martes;  los martes era su día especial  pero hoy ella tenía intención de torcerlo un poco.


Le oyó ducharse , desafinar  , salir de la ducha , seguir con su cansino cantar y luego  empezó el principio del fin.


Abrió y cerró  cajones hasta que  desesperado fue a pedirle explicaciones sobre su ropa interior.


__¡Pero qué pedazo de gilipollas! __ Pensó ella . __¡Qué  previsible! . Hoy era martes y necesitaba sus calzoncillos de la suerte. Esos mismos calzoncillos , “ que vaya tú a saber porqué “ , se habían quedado atrasados en la colada , por lo que precisamente hoy, aún estaban húmedos y colgados en el tendedero  del patio.


El abrió la ventana del baño e intentó deslizar el tendedero , más este  se opuso de manera férrea , sudando y viendo que sólo le quedaban unos palmos para cogerlos estiró un poco más los brazos.


__Un poco más y ya los tengo .__ Pensaba mientras se pasaba la lengua por una boca sudorosa. Y a su mente le venían idílicas escenas  de cuando el calzoncillo estuviera puesto en su sitio,  pero aún no lo alcanzaba __ Sólo un poco más__ se dijo,  y sacando medio cuerpo por la ventana intentó llegar al calzoncillo mágico, pero calculando el peso de su cabeza ,más el de medio cuerpo fuera, incluyendo su barriga cervecera, no es de extrañar que actuara la ley de la gravedad y todo él voló hacia el fondo del patio, eso sí  , llevaba en su mano derecha su calzoncillo de la suerte.


__Vaya por Dios , como se va a poner la vecina del bajo , cuando tenga que limpiar todo eso__ Pensó ella mientras en la cocina después de oír el horrible batacazo , daba el último toque a su recién adquirida receta.


Esperó tranquila en casa, se oía ruido , luego de pronto mucho silencio y al cabo de unos minutos  el timbre, ding, dong......


Mientras ella pensaba en que ponerse para el funeral ( pues funeral habría, faltaría más,  no iba a ser ella menos que la vecina del tercero , que menuda fiesta montó cuando lo de su marido) desenrolló con ayuda de unas tijeritas de pedicura aquel bendito coletero  , que habiéndose quedado enrollado en la ruedecita del tendedero no le dejaba rular .


 


                                                                                       FIN